VESTUSTA MORLA: Capitanes de la esperanza.

La Riviera (Madrid). 20.06.14.

Resultaba difícil ser de los pocos que no habían visto al grupo del momento, de los pocos que no podía contar en primera persona todas esas loas y alabanzas sobre su impresionante directo y que parecía dejarme fuera de juego del momento musical actual. Como no hay cosa que más me gusté que la de poder hablar en primera persona, el pasado viernes me sumé a las miles de fans que han hecho, ya famoso, el sold-out que han conseguido Vetusta Morla en sus últimos 5 conciertos, el La Riviera madrileña, en menos de un mes.

Pasaban cinco minutos de las nueve cuando, Pucho y los suyos, salían a escena para dar al público que abarrotaba la sala unas de las 2 horas más frenéticas en directo que he visto. Los primeros temas de la noche mostraron el camino por el que iba a transcurrir el concierto y no hizo falta ningún -mapa- para saber que empezando con La deriva, Fuego, Golpe maestro, La mosca en tú pared y Pirómanos la única intención de la banda era sudar la camisa. Muy bien arropados por un gran juego de luces y por una bruma que envolvió el escenario durante casi toda la noche, la presentación visual del show acompañaba perfectamente la línea sonora del concierto.

Casi sin parar, enlazando canciones una tras otra y casi sin interactuación con el público, los madrileños hacían rugir sus guitaras alto, muy alto, con Las salas de espera, ¡Alto! o La grieta, aunque el éxtasis del éxtasis llegaba con un tema como Valiente, donde un único grito sobrevoló por la sala y se adentró en cada uno de los presentes para salir cien veces ampliado, en un momento de catarsis general difícil de ver en muchos conciertos de hoy en día.

Casi sin darnos cuenta y del tirón, llegó el primer bis de la noche después de noventa minutos brillantes en los que Vetusta llevó al límite su propia capacidad física. Con El hombre del saco volvieron a las tablas y puestos a pedir, Pucho hizo un repaso por las derivas sociales, políticas, monárquicas y culturales que nos asolan y arengó a la masa entregada a no tener miedo de enfrentarse a todo esto. Con un segundo bis llegó la hora de despedirse y recuperar fuerzas para el segundo round que les esperaba al día siguiente.

Mi primer acercamiento al mundo de Vetusta, el pasado viernes, tuvo muchas luces y lo que es mejor aún, posibilidades de pulir algún detalle para hacer del suyo, uno de los mejores directos del país.

La energía y la rabia de la juventud hacen que la noche viaje por una senda frenética durante dos horas, con la complejidad física que eso conlleva para el grupo, sin momentos para la bajada de pulsaciones o para la pausa de un leve respiro. Esto puede hacer que no se termine de saborear bien el nivel de electricidad del show porque, en algún momento, te llegas a habituar al derroche físico de la banda encima del escenario. Quizás dos o tres temas de más relax a mitad del show, acrecentaría el sentimiento de energía sobre temas anteriores y posteriores. Teniendo claro el mérito y el trabajo que conlleva tener durante todo el concierto a La Riviera saltando sin parar. Por otra parte, y quizás sea estilo propio de la banda, me falto algo de interactuación con el público y acercar más la distancias entre público y grupo. Me recordó el concepto que tiene Dylan a la hora de presentar sus conciertos. Entendiendo estas puntualizaciones como posibilidades de mejora y no como crítica destructiva barata, Vetusta esta merecidamente entre los grandes de este país.

Texto y Foto: Víctor López.

Más antigua AnteriorVolver a crónicasSiguiente Más reciente